En La Esperanza llegando casi al monte, hay un restaurante auténtico. De decoración campestre, de comida abundante y de clientes sobrado. ¿Por qué irá tanta gente a este sitio? La respuesta es sencilla; en una relación calidad-precio-horario este sitio esta aventajado. Para empezar hay que decir que en este local no hay platos, así es, no los hay. Te ponen la comida en tablas de madera, a lo rústico. Que yo sepa, es el único sitio que lo hace. Este toque junto a la decoración hacen honor a su nombre. Aquí no se viene a comer pescado ni comida casera, el gancho es la carne. La tienen en todas sus variantes y toda a la parrilla. Los precios son razonables, dependiendo claro de lo que pidas. Hay dos cosas que me gustaría destacar del Campestre: el mojo (nadie consigue hacerlo igual) y el pollo. Por poco más de 3 euros te zampas medio pollo enorme y jugoso. Sinceramente con esto y las papas va uno que se las pela, y a caminar pal monte que está cerquita, a hacer la digestión. Otra nota a su favor es que el servicio está extremadamente organizado, y aunque esté lleno (que lo suele estar) no tienes que esperar mucho para que te atiendan, además suelen ser muy amables. Eso sí, el vino no lo recomiendo, me quedo con la dorada en vaso frío.
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